El ser vivo comienza con una célula, que va multiplicándose rápidamente, lo cual nos hace crecer, desarrollar nuestros órganos, nuestra figura humana y así sucesivamente se van madurando las células viejas y van naciendo las nuevas, dando pie a la vida; sin embargo, cuando células anómalas comienzan a multiplicarse sin control, da vida al cáncer, por lo tanto, estas siguen creciendo y formando nuevas células dañinas en tejidos, los cuales pueden afectar solo un área o crear metástasis, tomando distintas partes del cuerpo (OMS, 2020).
Se han hecho diversos estudios para conocer la causa; sin embargo, no se ha tenido éxito, ya que estos cambios celulares son el resultado de la interacción entre la genética y distintos factores ambientales, tales como exposición a distintos químicos, rayos UV, alimentación, infecciones por virus, parásitos y bacterias, entre otros.
Los síntomas más comunes durante la enfermedad son náuseas, vómito, diarrea, estreñimiento, anorexia, lo cual los dirige a una pérdida de peso involuntaria y estos se presentan desde un 49 hasta el 74% de los pacientes que se han tratado con quimioterapia.
Dichos síntomas pueden tratarse con diversos factores dietéticos. Como es el caso de los probióticos, estos son microorganismos vivos, que administrados en cantidades adecuadas confieren beneficios a la salud de aquel que los consume.
Son importantes a lo largo de la vida, por ejemplo, en el desarrollo prenatal, durante el crecimiento infantil y la adultez, para evitar una colonización bacteriana negativa y promover la benéfica colonización microbiana con la dieta. Dentro de otros beneficios está la prevención de enfermedades cardiovasculares, menor riesgo de padecer diabetes mellitus, control o disminución de peso y principalmente promueve la actividad gastrointestinal saludable.
La influencia beneficiosa de los probióticos en la microbiota intestinal humana incluye factores como los efectos antagónicos, la competencia y los efectos inmunológicos, lo que resulta en una mayor resistencia contra los patógenos. Así, el uso de cultivos bacterianos probióticos estimula la multiplicación de bacterias beneficiosas, lo cual disminuye la proliferación de bacterias potencialmente dañinas, y mejora los mecanismos de defensa.
En este proceso la microbiota intestinal juega un rol muy importante, ya que como se mencionó antes, ayuda a la prevención de distintas enfermedades, por lo tanto, al dañar su equilibrio se genera una disbiosis, lo que genera distintos desórdenes como diarrea, úlceras, síndrome de intestino irritable, estreñimiento, inflamación, entre otros.
Respecto a su relación con el cáncer, se ha demostrado un efecto satisfactorio en el control de diarrea y en la regulación de la homeostasis del epitelio intestinal y la respuesta inmune, así mismo se ha observado una interacción importante en la regulación celular, proliferación, diferenciación, apoptosis, angiogénesis y metástasis. Por lo tanto, los probióticos han mostrado efectos anticancerígenos.
Se ha demostrado que el consumo regular de probióticos puede prevenir el cáncer, ya que el conjunto de alteraciones en la microbiota intestinal incluye la producción de carcinógenos, por lo tanto, los probióticos, producen compuestos antitumorales, de modo que ayuda a mejorar las actividades metabólicas de la microbiota intestinal, así como las condiciones fisicoquímicas en el colon, mostrando efectos sobre la fisiología del huésped, brinda así función antioxidante y finalmente estimula la apoptosis y los efectos anti-proliferativos del cáncer.
Estos efectos beneficiosos sugieren el uso de algunas cepas de levadura probiótica como adyuvantes en el tratamiento del cáncer, como Lactobacillus acidophilus, Saccharomyces Boulardii, Lactobacillus casei/paracasei, Lactobacillus salivarius, Bifidobacterium Longum, entre otros; produciendo efectos anticancerígenos mediante diferentes mecanismos potenciales, incluida la neutralización de los factores de virulencia bacteriana, la interferencia con la adhesión bacteriana, el fortalecimiento de las uniones estrechas de los enterocitos, la mejora de la respuesta inmune de la mucosa, la alteración de la redistribución y modulación de las células inmunes.
Dichas cepas las podemos encontrar en diversos productos de manera natural o adicionados, como en el kéfir, yogurt y demás bebidas lácteas, distintas leches en polvo, gelatinas y algunos cereales. Así mismo también se pueden obtener presentaciones como sobres, cápsulas o gotas.
Finalmente, cabe recalcar que el consumo de probióticos no debe de ser exclusivo para pacientes con cáncer, estos beneficios los puede gozar cualquier persona sana y/o con otras enfermedades y así mejorar o prevenir otras patologías, así mismo el mantener la salud gastrointestinal nos brinda sensación de bienestar durante el día a día.
